Sunday, December 2, 2012

Falsos mitos

En Argentina existe una oligarquía relacionada al campo; si se la elimina el país encontrará su sendero de desarrollo. Previo a Perón, la industria argentina era pequeña y débil. Los aumentos de precios se deben a que los oferentes se encuentran concentrados. Alternativamente, se deben a las actitudes de los formadores de precios (los empresarios). En la última década se ha dado una repolitización de la juventud. En la década menemista se destruyó a la industria argentina. Cada uno de estos son mitos argentinos, verdades que quien las enuncia considera que no es necesario justificar, a pesar de que toda la evidencia las declara falsas. Sin embargo, ninguna de ellas entra en el catálogo de Alejandro Grimson, Mitomanías argentinas.

El libro es una idea interesante pero mal ejecutada. Pequeños textos, de una o dos hojas, sobre algo menos de 80 supuestos mitos. El primer problema es que muchos no son tales, nadie cree en lo que se enuncia. Por ejemplo, el primero: "la Argentina es un país europeo". Puede ser que alguien haya pensado así, o algo semejante, hasta la mitad del siglo pasado, pero ¿alguien realmente hizo esa afirmación desde entonces? O "la Argentina debería tener la extensión del Virreinato del Río de la Plata". ¿Quién hizo esa afirmación alguna vez? Yo es la primera vez que la escucho. Puede ser que haya algún perdido por ahí que piense así, pero ciertamente no tiene calidad de mito. Otros no son mitos porque son ciertos: "la Argentina tiene una madre patria: España". ¿Mito? Otros, porque la afirmación es absurda: "el teléfono es uno de los impuestos más caros". What the fuck? La verdad es que el listado y las explicaciones parecen ser elaborados en muchos casos por un estudiante secundario, no por un doctor en antropología, encargado del Instituto de Altos Estudios de una de las más prestigiosas universidades argentinas. Una pequeña prueba de que la decadencia de la educación superior argentina no es un mito. Tampoco la de la prensa escrita agentina: dos diarios importantes, La Nación y Página/12, le dedicaron entrevistas de página entera al autor.

Claro, no se puede esperar mucho en términos de coherencia y rigurosidad de alguien que declara en la introducción que los dichos no hay dos sin tres y la tercera es la vencida "afirman exactamente lo contrario". Por otro lado, las motivaciones parecen loables: superar las dicotomías simplificadoras, buscar justificaciones y argumentaciones más elaboradas, disminuir las pasiones frente a la razón, son todas actitudes  que alentamos. Lástima que el autor se limite a enunciarlas y a cubrir sus pasiones, dicotomías y prejuicios bajo un manto de civilidad. Por momentos, no parece más que una versión académica de las zonceras de Aníbal Fernández. En otros momentos, no deja de contradecirse a sí mismo: la abundancia de mitos por nuestros pagos, ¿no es argumento que justifica algunos de los supuestos mitos: "qué mierda de país", "la Argentina no puede desarrollarse debido a la idiosincracia de los argentinos", o "América Latina es Macondo"?


Por momentos, el propio relato, su agenda política, se le cuela y lo deja en evidencia. Déjenme reproducir un par de párrafos, que supuestamente explican el mito de “me afanaron, o la fábula del fueron ellos”. “Un adolescente no encuentra su celular, su MP4, sus 10 pesos. Piensa: “Me afanaron”. Siente una falta: perder el celular, como sostiene Rosalía Winocur, es perder una parte de sí mismo, sus contactos, sus redes. Se desespera, igual que un adulto. Asume que se lo robaron; nunca que se lo olvidó, que se le cayó o que está en otro cajón.” Y: “Imaginemos a una persona obsesionada con la inseguridad. Imaginemos que ha vivido pésimas experiencias. Tiene pánico por lo que le sucedió en la realidad, no por la tan mentada “sensación” de miedo. Imaginemos que, para su tranquilidad, esa persona ha adquirido una vivienda en un barrio privado y que, para expresar su sensación de libertad, le ha regalado a su hijo de diez años un cuatriciclo. No hace falta imaginar a este niño que conduce un vehículo a motor, porque se lo puede ver en balnearios exclusivos de playas bonaerenses o en los countries del Gran Buenos Aires. Por el extraño mecanismo de desimplicación, esos niños no provocarían inseguridad, ni siquiera para sus hermanos menores ni para ellos mismos. ¿Cómo ha sido posible esto? Se trata de una operación cultural por la cual ningún juego o acción de las clases acomodadas produce inseguridad. Inseguridad es algo de lo cual estas clases sólo pueden ser víctimas. Si esos niños dañan a otro, habrán cometido un error de conducción. Si matan a un niño pobre de tez oscura, como plantea la película La mujer sin cabeza, de Lucrecia Martel, será un descuido. Cuando la fatalidad proviene de un acto realizado por “nosotros” (por uno de los nuestros), se trata de un error; cuando proviene de “los otros”, es porque son como son. Ahora imaginemos un país que actúa como esos padres. Una parte de nuestra cultura argentina, la peor por cierto, funciona de ese modo”. Disculpen la larga cita, pero no sé cómo trasmitir la pelotudez de este tipo: ¡desimplicación!, ¡sensación de miedo!, ¡expresar su sensación de libertad!, ¡cómo no distinguir un delito de una negligencia!

Otra tontería es el último “mito”: “hay que igualar hacia arriba”. “Así puede entenderse que la frase no tiene sentido, porque niega que la desigualdad es lo que es: una relación entre partes con ingresos distintos. En todo momento, sólo se puede igualar llevando a todas las partes un poco más cerca del medio o, dicho de otra manera, reduciendo la brecha entre los ingresos altos y bajos (considerándolos después del pago de los impuestos y de la ejecución del gasto público).” La tontería está en que nadie afirma esa frase pensando en un momento particular, sino en una evolución o dinámica, en cuyo caso ya no es condición necesaria la redistribución.

Bueno, el libro es así: con falencias lógicas, abundante en tonterías, con prejuicios y resentimientos ocultos,  políticamente correcto, pequeño burgués. No meterse con la mitología kirchnerista (Nestornauta!!) implica otro mal: la cobardía. El epílogo contiene la clave: “puede decirse que hay mitos que promueven la democracia y la igualdad, pero no son los mitos que abordamos en este libro”. Es decir, hay mitos buenos y mitos malos. En ese sentido es un libro profundamente kirchnerista: también hay mentiras, crímenes y tiranos buenos y los hay malos.

Sunday, November 11, 2012

¿Quién es la derecha hoy en Argentina?


Estos días han acusado a la Fundación donde trabajo de ser "de ultraderecha". Pienso en "la derecha". Pienso en las frecuentes menciones de desprecio de Gargarella. Pienso en "le hacen el juego a la derecha" que se le suele endilgar desde el gobierno nacional al socialismo. ¿Qué es la derecha hoy en la Argentina?

Creo conveniente distinguir dos definiciones de derecha. Una es una especie de monstruo multiforme, una hidra de mil cabezas, que resume todo lo malo que hay en este mundo: el racismo, la tortura, el asesinato, la discriminación, la soberbia, el desdén, la concentración de poder, el autoritarismo, la autocracia, la esclavitud, el sometimiento del otro, la eliminación del diálogo y del debate, la ambición sin escrúpulos, etc. En la historia del mundo esa derecha ha sido representada por el régimen nazi y personificada en Hitler. En la historia argentina, ha sido representada por la dictadura militar del 76 y personificada en Videla. (Quizás también pudiera ser representada y personificada por Rosas y su régimen, pero dos cuestiones atenúan el veredicto: tiene algo de anacrónico al ser un ejemplo del siglo XIX y todavía no estaban sentadas las bases legales del país). Obsérvese que esta definición de derecha bien puede aplicarse a muchos regímenes supuestamente de izquierda como el soviético, el cubano de Fidel o el chino de Mao.

La otra derecha, la derecha democrática, no tiene, en principio, nada que ver. En primer lugar, la ley y la constitución son su piedra basal, por lo que descarta cualquier delito como fin o metodología. En segundo lugar, su metodología es la de una república democrática: se rige por la división de poderes, y por la desconcentración del poder: éste se reparte entre el ejecutivo nacional, el legislativo, el judicial, los ejecutivos, legislativos y judiciales provinciales, los medios de comunicación, las empresas, las asocaciones, etc. Pero si es ese es el caso, ¿cómo se distingue de la izquierda democrática? Hay bastante debate sobre el tema y la distinción es sutil, lo que lleva a que, en democracias avanzadas, se alternen en el poder sin grandes cambios de funcionamiento. Pero bien podría definirse a la derecha (en el mundo) como socialmente conservadora (por ejemplo, anti-matrimonio gay) y económicamente liberal (por ejemplo, en una crisis dejar que el mercado reordene la situación), en tanto que la izquierda es socialmente liberal (por ejemplo, anticlerical) y económicamente conservadora (por ejemplo, keynesiana, es decir prohija una política de estabilización).

Cada país tiene su idiosincracia y ello parece afectar las izquierdas y derechas de cada uno. Así, la izquierda de Estados Unidos (los demócratas) parecieran estar en algunos aspectos más a la derecha que la derecha de Francia (por ejemplo, en lo que se refiere a la regulación laboral para darle estabilidad al empleo).

Por otro lado, es interesante notar que, al estar interrelacionado lo económico con lo social, bien puede ser que una ideología promueva políticas económicas que eventualmente vayan en contra de su ideología social. Así, por ejemplo, si la derecha promueve la libertad económica, y esta lleva a un cambio tecnológico que le da poder a personas con ideología socialmente liberal, habrán sentado las bases para el liberalismo social. Tal parece ser el caso con el empuje que ha dado la libertad económica a la ciencia en Estados Unidos. Un gran mercado premia fuertemente la innovación, lo que lleva a grandes retornos para científicos e innovadores. Pero estos a su vez tienden a tener ideas socialmente innovadoras. En un mundo donde el cambio tecnológico puede ser rápido no está nada claro que la derecha no promueva, a través de la libertad económica, un cambio social mayor que la izquierda.

¿Cómo caracterizar entonces la situación política en Argentina? Conceptualmente, hay tres grupos políticos: el kirchnerismo, un grupo de centro-izquierda y un grupo de centro-derecha. El primero incluye al gobierno nacional, provinciales e intendentes, y se define principalmente, no por sus ideas, sino porque ejerce el poder. El segundo incluye al socialismo santafesino y sus aliados (GEN, Libres del Sur, etc.), al radicalismo social-demócrata, al ARI, y a grupos de izquierda más o menos democráticos. El tercero incluye al PRO, al peronismo federal, al radicalismo liberal y/o conservador y a partidos provinciales (tales como los demócratas mendocinos o los liberales correntinos).

¿Cuál de estos tres grupos es “más de derecha” de acuerdo a la primera definición? Desde mi punto de vista, la respuesta es el kirchnerismo. Aún no han caído en delitos aberrantes (salvo quizás las más de 15 muertes por represión social), pero ciertamente se han caracterizado por la discriminación (por ejemplo, al enfatizar el color de la piel en varias declaraciones), la soberbia (por ejemplo, ignorar protestas de millones de personas), el desdén (al minimizar los reclamos), la concentración del poder (al avanzar sobre la justicia, y sojuzgar mediante el fisco a gobernadores e intendentes), y sobre todo han eliminado la posibilidad del diálogo y del debate (pues o no concurren a debatir o simplemente a contestar preguntas, o porque directamente discuten las personas y no las ideas). Son todos rasgos de lo que se llama comúnmente la derecha autoritaria, aunque debería llamarse simplemente autoritarismo. ¿Quiénes representan ese autoritarismo, esa “derecha”, dentro del gobierno? Ciertamente, Cristina en su torre de cristal. Pero también Kunkel, Larroque, Abal Medina, Moreno, De Vido, Echegaray, Kicillof, D´Elia, Timerman, el aparato propagandístico, y los nombres no paran de venir a la mente.

Si realmente quieren un país democrático, los argentinos deberán elegir en los próximas décadas entre los dos grupos democráticos, sin rasgos autoritarios. Mientras tanto, esos dos grupos deben reconocerse y cuidarse, eventualmente unirse contra el kirchnerismo para evitar que se lleven puesta la democracia.

Friday, September 28, 2012

¿Por qué podría ser kirchnerista si no existieran las razones para no serlo?

1. Por expandir la oferta monetaria en los años 2003 y 2004, lo que llevó a la expansión de la demanda agregada, el empleo y las exportaciones, y a la salida de la gran crisis de principios de siglo. (Lástima que siguió la expansión y hoy tenemos un problemón con la inflación de 25% y creciente, inflación inercial, y pérdida contínua de competitividad).
2. Por instalar en la agenda más fuertemente el problema de la desigualdad de ingreso. (Lástima que no haya instalado el problema de la desigualdad de riqueza, que se ha agravado, ni que haya hecho demasiado por disminuir la desigualdad del ingreso más allá de expandir la demanda agregada).
3. Por deshacerse de una vez por todas de la necesidad de escuchar las recomendaciones del FMI (más allá de que ya lo habían hecho Rodríguez Saá y Duhalde). (Lástima que volvió a convocarlo para que le diga cómo medir la inflación, sólo para rechazarlo cuando le dijo aquello para lo que había sido convocado; es decir, extrañaban poder echarle la culpa de los males argentinos al FMI).
4. Por levantar la bandera de la industria nacional competitiva, del valor agregado, de la igualación territorial. (Lástima que la industria nacional competitiva se esté cayendo a pedazos, las exportaciones se estén primarizando, y  las desigualdades geográficas sean cada vez mayores).
5. Por replantear la necesidad de que la población en general, y los jóvenes en particular, se acerquen a la política, exigan y participen más. (Lástima que para convencer a jóvenes y adultos deban invertir dinero del Estado, les exijan acercarse a su partido, les soliciten el status de "soldado", y les pidan más sumisión y cuerpo que cabeza. Lástima).
6. Por incluir a 3 millones de ancianos al sistema previsional aún sin haber aportado. (Lástima que varios de ellos vivan en hogares de altos ingresos, y no les paguen lo que le deben al resto de los jubilados, que sí aportaron).
7. Por incrementar el porcentaje de presupuesto que va a educación. (Lástima que no se ve en los resultados, ni que, si se hace bien la cuenta, con gastos discrecionales, probablemente no haya aumentado el porcentaje).
8. Por aumentar el salario mínimo, vital y móvil por encima de la inflación real. (Lástima que el porcentaje de trabajadores que trabajan por abajo del salario mínimo, vital y móvil sea de 25% cuando en los 90s era de 5%).
9. Por haber sido exitoso en la recaudación tributaria explotando eficientemente las mejoras técnicas de los 90s. (Lástima que no haya sido exitoso en el control de la evasión, y que cada vez más seguido se utilice a la AFIP para discriminar a partidarios y opositores dentro de la sociedad civil).
10. Por implementar la asignación universal por hijo. (Lástima que su implementación, luego de varios años de ser propuesta por miembros de la oposición, no sea más que un índice del fracaso de un modelo productivo y de inclusión social).

Saturday, September 15, 2012

¿Por qué no soy kirchnerista?

Tengo otras razones, más relacionadas con la economía, pero éstas son las más fuertes, las que considero determinantes:

  1. Porque este gobierno ha instaurado la falsedad y la mentira como arma de comunicación.
  2. Porque este gobierno y sus seguidores son caudillistas: sin un caudillo no tienen identidad y se pierden.
  3. Porque los gobernantes kirchneristas, bajo una retórica de causas nobles (derechos humanos, transformación de la Argentina, igualitarismo, etc.), se permiten ser lo peor que pueden ser, y desprestigian aquellas causas.
  4. Porque no creen en la división de poderes (en la desconcentración del poder político y económico).
  5. Porque no escuchan a aquel que no tiene poder; sólo escuchan si el que emite el comunicado puede darles o quitarles poder.
  6. Porque les gusta confrontar y crear conflictos donde no los hay; gobiernan dividiendo, cuando mi ideal de gobernante es aquel que disminuye las tensiones, no las exaspera.
  7. Porque no gobierna para aumentar el bienestar de la gente, para aumentar su libertad y sus posibilidades de desarrollo. Hoy sólo gobierna para mantenerse en el poder.
  8. Porque ha deteriorado el poco Estado que teníamos, identificándolo con el gobierno, y con una persona.
  9. Porque han creado un relato épico, enaltecedor, de las miserias y drama de la guerrilla de los 70s.
  10. Porque usan los dineros del Estado y los gustos populares (el fútbol, etc.) para propaganda política.
  11. Porque no valora a cada individuo, a cada persona, más allá de su ideología, clase, etc.
  12. Porque demonizan a los opositores políticos, los estereotipan, y proclaman una diferencia ética entre ellos y los demás.
  13. Porque cuando empiezan a perder el apoyo popular quieren cambiar las reglas de juego (reforma constitucional, voto a los 16, etc.) para poder mantenerse en el poder.
  14. Porque sus líderes son vulgares, no provienen de un sistema meritocrático (ejemplo, Echegaray), y no tienen la más mínima intención de instaurar un sistema así.
  15. Porque, contra lo que proclaman, no tienen convicciones, salvo la del poder. Las alianzas las arman y desarman en función de ello.

Saturday, July 7, 2012

¿Cómo termina el último ciclo populista?

La Argentina está cerrando un nuevo ciclo económico. Hay varias preguntas para el futuro: ¿será una recesión o un estancamiento (es decir, decrecimiento o crecimiento ínfimo)? ¿será temporario (digamos, menos de 18 meses) o permanente (más de 18 meses)? ¿o será un estancamiento con falsos arranques como en la década del 80? Al ciclo económico se lo puede mirar con la lupa del científico de las estadísticas (un Mitchell, digamos), abstrayéndose de las consideraciones de política y política económica, o se lo puede mirar desde el punto de vista de la política. Hoy nos interesa esto último.

Lo que sucede es que se ha superpuesto un ciclo económico con un ciclo político, lo que ha desembocado en un típico caso de ciclo populista, según la clásica definición de Dornbusch y Fischer (1992):
Una y otra vez, en un país como en otro, los gobernantes han aplicado programas económicos que recurren en gran medida al uso de políticas fiscales y crediticias expansivas y a la sobrevaluación de la moneda para acelerar el crecimiento y redistribuir el ingreso. Al aplicar estas políticas, por lo general no ha habido preocupación por la existencia de restricciones fiscales y cambiarias. Después de un breve período de crecimiento y recuperación económicos, surgen cuellos de botella que provocan presiones macroeconómicas insostenibles y que finalmente conducen al derrumbe de los salarios reales y a graves dificultades de la balanza de pagos. El resultado de estos experimentos ha sido generalmente una inflación galopante, la crisis y el colapso del sistema económico. Luego de estos experimentos no queda más opción que instituir un programa de estabilización drásticamente restrictivo y costoso, por lo regular con el auxilio del Fondo Monetario Internacional. El carácter autodestructivo del populismo es evidente en la gran declinación del ingreso per capita y los salarios reales en los últimos días de estas experiencias.
¿En qué fase estamos? Estamos entrando en la tercera etapa, la del reckoning. Los salarios reales empezarán a caer este año, con incrementos nominales de cerca de 25% e inflación de 30% ó más. Las presiones sobre la balanza de pagos están y se incrementarán: por eso Moreno cierra las importaciones y el mercado cambiario. Las restricciones fiscales han sido dejadas de lado y por eso el déficit fiscal es cada día mayor, tanto el nacional como los provinciales. La inflación está empezando a galopar, después de unos años de trote. Hay dos grandes diferencias: una, el mundo venía empujando mucho y eso alargó el ciclo; dos, la Argentina venía de un período de mucha inversión y bajas expectativas inflacionarias, los 90s, lo que también alargó el ciclo populista que le siguió. "El breve período de crecimiento y recuperación económicos" fue más bien largo. Hoy esos dos factores ya no están: el mundo se desaceleró y la tracción que tenían las políticas expansivas ya no la tienen por uso y abuso. La tercera diferencia puede estar en el futuro: todavía hay alguna esperanza de que no termine en crisis y drástica caída de salarios reales. ¿Es posible?

Por supuesto que la desaceleración de la economía implica todo tipo de restricciones en el avance social: menor construcción y menor vivienda (más allá de que se lance un plan  gubernamental ambicioso pero irrealista de construcción de casas), menores servicios públicos (como agua, electricidad y gas), menores servicios sociales (estancamiento en cantidad y calidad educativa y de salud), menor obra pública, estancamiento en la reducción de la pobreza y la desigualdad de ingresos y de bienestar, etc.

Claramente no se puede seguir haciendo más de lo mismo. Si el gobierno sigue queriendo pesificar a la fuerza, limitar las importaciones sin inteligencia, imponer al sistema financiero dirección, montos y tasas de préstamos; si sigue "fogoneando la economía" como dijo entusiastamente Kicillof, chocarán la calesita, la crisis sobrevendrá y los ingresos y salarios reales caerán drásticamente, con los dramas microsociales que eso implica y una nueva decepción social con las instituciones democráticas. ¿Qué debería hacer el gobierno? Como mínimo, habría que pedirle al gobierno nacional que administre la escasez: crecimiento bajo o nulo durante tres años, mínimo orden en las cuentas fiscales, sin estrangulamiento de los gobiernos provinciales. Es decir, no hacer nada. Como máximo (máximo, dadas las restricciones de capital humano de quienes gobiernan), es ir preparando el camino para  un genuino desarrollo nacional con  los siguientes componentes: 1. baja de la inflación; 2. desarrollo de sistema financiero para que se canalice el ahorro local a los usos socialmente más efectivos; 3. seguridad a empresas nacionales y de todo el mundo (actuales y potenciales), para obtener mejoras en productividad, y que las empresas nacionales puedan ir gradualmente instalándose en todo el mundo; 4. precios internos equiparados a los precios internacionales, de manera de que produzcamos la mayor cantidad de aquellos bienes con precios mundiales altos; 5. un mercado cambiario flexible a la baja tanto como a la alta, de manera de evitar el intento de ganar fácilmente con el dólar; 6. pesificación de la economía a través de la valorización del peso. ¿Qué puede hacer el gobierno entonces en este escenario de máxima? 1. Reducir gradualmente los subsidios; 2. restringir la oferta monetaria; 3. eliminar el impuesto al cheque; 4. introducir el impuesto a la renta financiera; 5. eliminar las restricciones cambiarias; 6. eliminar las restricciones al comercio exterior; 7. formalizar la red de contención social, con mayores seguros de desempleo, entre otras medidas razonables.

En suma, el ciclo económico ha terminado. El gobierno puede ir en dos direcciones: "profundizar el modelo" o "administrar la escasez". En el primer caso, el ciclo terminará en crisis; en el segundo, terminará en estancamiento prolongado. Pero dentro de la segunda dirección tiene dos posibilidades: no hacer nada o sentar las bases para un crecimiento genuino. Lo segundo implica darle mayor racionalidad a las políticas económicas hoy de manera de que un equipo más técnico y profesional pueda en el futuro hacer una política económica que lleve al desarrollo de largo plazo del país.

Saturday, June 9, 2012

El mulero Muleiro

Leo 1976, el golpe civil: una historia del mal en la Argentina, de Vicente Muleiro, el cual no cumple con lo prometido en los múltiples títulos. No trata sobre el año 1976, sino sobre todo el período de la dictadura (y más). No es convincente en que se dio sobre todo de un golpe civil, en la medida en que fue el más "militar" de los golpes, y en que circunscribe la responsabilidad civil a unos  pocos miles de actores y no a las múltiples capas de la sociedad. Y ciertamente no es una historia del mal en Argentina: antes y después de la dictadura hubo mal en Argentina, no todo tipo de mal durante el período 1976-1983 es incluido, ni todo lo que incluye puede tildarse de "mal".

La pregunta es importante y necesita más trabajo: ¿qué papel cumplieron los civiles (es decir, los no-militares, es decir, casi toda la ciudadanía) durante la última dictadura militar? De hecho, Muleiro se interesa por más: ¿qué papel cumplieron esos civiles desde el surgimiento del peronismo? Pero se queda corto, principalmente en dos aspectos, uno de interpretación histórica-moral y otro criminal-penal. El primero es que simplifica la historia de manera que podamos encasillar a cada persona como buena o mala, menos por sus acciones, que por sus ideas. Si es liberal o conservador es una mala persona. Si es nacionalista de izquierda es buena. (Por eso tienen tantos problemas para juzgar como héroes de los derechos humanos a gente como James Neilson o Robert Cox, o la comisión de CIDH de Carter).  La consecuencia de ello es el otro aspecto en donde la acusación es espuria: muestra muy pocas pruebas sobre la complicidad en la tortura y muerte de miles. 

Así, por ejemplo, critica una postura muy sensata. Smart, ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires, declara: "es una preocupación nuestra disminuir el gasto público, ya que es la mayor causa de inflación, además de incidir directamente sobre el contribuyente. Los impuestos son altos porque los gastos del Estado también lo son. Hay que reconocer que el gasto público es muy grande y que las empresas del Estado siguen siendo un cáncer." p. 112. Puede ser que Stuart sea un torturador, un asesino, y varias cosas más, pero que el déficit fiscal es la principal causa de la alta inflación se encuentra en cualquier libro de texto de economía, sea de izquierda, derecha, ortodoxo u heterodoxo, práctico o teórico, histórico u abstracto. En ese sentido, el libro de Muleiro está escrito para el convertido, para el fundamentalista, para el creyente. Ya no se trata de argumentar.

Así, por ejemplo, libra de responsabilidad a la guerrilla cuando dice: "la guerrilla daba muestras de actuar como un pelotón perdido en una pretensión de vanguardia desde donde ya no se veía ni la sociedad ni la eficacia política de un accionar armado que le dio más pasto a las fieras" p. 78. Por supuesto, las palabras "eficacia política" lo descubren: hablar de la eficacia política de matar gente lo equipara al accionar militar.

La descripción político-económica es la de un niño (aceptable en tiempos en que la cultura económica era inexistente en el país, pero no hoy, que se ha desarrollado fuertemente): "[En 1973] el Consejo Empresario Argentino (CEA), que desde 1967 reunía a los intereses monopólicos, y la Cámara de Comercio Argentina pasaron a representar una oposición empresaria con poco predicamento y un margen de acción que se manifiesta en la remarcación de precios como arma desestabilizadora." (p. 87) Primero, la palabra monopolio es técnica e implica que es único vendedor del producto en cuestión. Entre las empresas del CEA no creo que haya una que sea monopólica. Por otro lado, es interesante que se acusa al mismo tiempo de ser liberal (o librecambista) y monopólico, cuando una de las principales razones para sostener el librecambismo es la esencia competitiva del mercado (pero, por supuesto, sostendrá Muleiro, el librecambismo es simplemente una pose para defender intereses: es interesante que el autor, como muchos otros, sólo pueden concebir idealismo de su lado y no en otros con quienes no comulgan). Segundo, pensar la remarcación como un "arma" es índice de paranoia: con una inflación de dos dígitos, y en ocasiones de tres, subir los precios significaba simplemente evitar la quiebra.

Lo poco criminal-penal civil que incluye el libro es lo que se sabe (si bien aquí está todo junto): las extorsiones de Martínez de Hoz a los Gutheim, los oscuros manejos de Papel Prensa, la vista gorda (y en algunos casos participación directa) de jueces, periodistas y editores.

En fin, creo que en esta línea se necesita trabajar en dos caminos: uno, que separe la paja del trigo, la acusación ideológica y/o espuria de la criminal; dos, un trabajo que ahonde en los métodos y la moral política, y que haga un trabajo de contrafáctico: ¿cómo debería haber enfrentado la sociedad argentina la subversión armada? Por increíble que parezca, dado toda la literatura sobre el tema, muy poco se ha dicho sobre esto último. Creo que recién cuando nos podamos hacer esa pregunta y la podamos discutir abiertamente habremos entrado en una nueva etapa de madurez.

Friday, March 2, 2012

Pensar, hacer y ser

Miro un poco de la película The Iron Lady, sobre Margaret Thatcher, y me aburro lo suficiente. Como dijo un amigo: me interesa más entender lo que hizo que sus dramas seniles. Antes de apagar rescato un par de frases, sin embargo:
It used to be about trying to do something. Now it's about trying to be someone. 
(Solíamos intentar hacer cosas. Hoy intentamos ser alguien).
Watch your thoughts for they become words. Watch your words for they become actions. Watch your actions for they become... habits. Watch your habits, for they become your character. And watch your character, for it becomes your destiny! What we think we become. 
(Pon atención a tus pensamientos porque se convierten en palabras. Pon atención a tus palabras porque se convierten en acciones. Pon atención a tus acciones porque se convierten en hábitos. Pon atención a tus hábitos, porque se convierten en tu carácter. ¡Y pon atención a tu carácter porque se convierte en tu destino! Somos lo que pensamos.)
Por cierto recomiendo sus memorias Downing Street Years.